Canela
Tuesday, March 24, 2020
Tuesday, July 14, 2015
Canela
Andrea. Mujer:
Es tanta la fuerza con
la usted desata en mí un frenesí de emociones que ya creía muertas, que ya no
me queda más alternativa que liberarlo y aceptarlo… Hoy día, tan ridículo, tan estúpido, y hasta tan
infantil como suene, mis más grandes pasiones —tal vez las únicas o de las
pocas en mí— están enteramente ligadas a usted. Hoy tengo decirlo, ya no quiero
contenerme jamás.
A estas alturas ya me
es indistinto que vea en mí un hombre virtuoso, apasionado por la vida, un
‘buen partido’, alguien que le pudiera llenar su diario vivir de la felicidad
que tanto se merece; o que en cambio, me vea como un amigo, otro man más. O
peor, como un iluso, un limitado, un ridículo, un ser inexpresivo, un perdedor
un amurado ávido de sus afectos —lo cual, siendo sinceros, se acerca más a la
realidad—. De cualquier manera, y para su tranquilidad, debo decir que estas
patéticas líneas no son una carta de amor, pues lo que busco no es ni su
respuesta, ni atacar su corazón. Tampoco, valga aclarar, están entre los
propósitos de estas palabras lograr su pesar, o su odio o cariño... ni siquiera
busco reparar con tontas palabras las tantas ofensas que, por la maldita
imprecisión en mis palabras y acciones, le que causado. Ofensas que me han
dolido, a mí, el victimario, tanto o más que a usted; Ofensas por las que aun después
de todo el drama que he hecho, no le he presentado disculpas de frente. Como lo
haría un hombre. Tampoco poso aquí como victima, así lo creo, esté usted o no
de acuerdo. Si acaso lo que busco aquí es hablar. 'Sacar de mi Sistema', como
usted muy lúcidamente lo recita. Hablar y asumir las consecuencias de mis palabras
y acciones y así, sacar al menos una pequeña porción de todo lo que callo, todo
con lo que me atraganto día tras día y lo que a la postre me desmorona de a
'toles' por dentro. Ya es, entonces, necesario que salga algo de mi boca... o de
mis dedos, al menos.
**Antes de continuar
con este penoso pero necesario ejercicio de liberarme de a poco, debo ofrecerle
disculpas por el egocentrismo (que bien conoce, es tan marcado en mí) con el
que he abierto este escrito y en el que la he involucrado descaradamente. Pero
he recurrido a él con el sólo propósito de expresar un simple hecho: usted ha
despertado en mí emociones que no creí llegar a sentir de nuevo, y algotras,
que he entendido estaban refundidas, sin saberlo, en algún lugar de esta
silueta fría y cavizbaja que le escribe. Son por estas cosas y muchas más por las que le he estado
silenciosamente, y le estaré, ahora de manera abierta, eternamente a
agradecido...**
La primera vez que la
vi de cerca me impresionó mucho. En realidad lo hizo. Y hoy, después de tanto
tiempo, me alegra saber que lo que me llenó de admiración por usted entonces,
lo sigue haciendo hoy. Eso fue allá en quinto ¿o sexto? Cuando veíamos clase
con J.J... En todo caso, ese fue el primer semestre que vimos clase juntos. Fue
después de una clase de él. Un exámen. Estabamos en el corredor junto al
Programa. Usted tenía sus tenis verdes, esos bonitos y un jean azul... mentiría
si dijera qué más traía puesto. Pero no es cómo se veía ni lo que vestía lo que
me atrapó de esa manera tan violenta. A usted se le notaba muy contenta, estaba
por comenzar por esos días con La Alianza , llevaba un diccionario Larousse
rojo nuevo. Seguro esto es tonto. Pero ahora no me interesa si lo que digo parece
tonto o no. Al menos no aquí. No recuerdo muy bien qué era lo que decía en esos
momentos, algo de cómo estaba entre sus intereses viajar a Alemania y no a Francia como pensábamos, creo… Pero lo que
dijo lo dijo de una manera tan suya, tan clara tan simple pero a la vez tan
seca que no hubo quién dudara que lo que decía era lo que realmente sentía. A
usted le salían las palabras tan justas para lo que buscaba decir, aunque ahora
sé que no lo "buscaba decir”, porque lo decía tal y como lo sentía en el
instante o eso hacía creer… Como siempre lo hace; sin error alguno de sintaxis
ni de dicción... sin titubeos, sin "aaa...", "ummms" ,"eeehs", "¿Cómo es que se dice?", sin dudas en sí-misma —cosas que hasta este día no he logrado
jamás ver venir de usted—; sin parar para pensar en qué palabra usar a continuación.
En ocasiones me parece que todo lo que dice no es más que es un discurso que se
ha aprendido y solo lo recita con certeza y rapidez dependiendo de la ocasión. Un discurso de lo que siente. ¿Cómo habla tan bien?
siempre me he preguntado, Aun si lo que dice contraría mis propios intereses e
ideas, la forma en que habla me gusta mucho.
Ese día me puse rojo. Muy rojo. Yo creí que
usted lo había notado; hoy sé que no lo hizo, pues yo no existía para usted... En ese entonces era tan bobo, tan infantil que no podía ver una mujer, de las que al menos no me llamaran un niño como las señoras, sin enrojecer o más bien sin hacer nada ni decir nada. Esa forma de hablar suya me puso más que nervioso, emocionado. Es más que claro
y si lo recuerda sabrá que usted no hablaba conmigo en esa ocasión, Lo hacía
con Eme, Richie, y, si no me equivoco, también con Lala. Y si lo recuerda, antes yo era aún más
tímido. Antes yo era un poco más bobo hijueputa que hoy. Yo estaba ahí parado
como un tonto, en mi mutismo, como siempre. Usted dejó de hablar, volteó a
donde estaba yo mirándola en silencio; no sé si me miró a mí, pero igual con
eso tuve ¡me puse rojo!, esquivé su mirada, porque cuando eso yo creía que la mirada de una mujer atractiva me iba taladrar la frente... Usted hablaba con ellos y no
conmigo, pero para mí ese día usted me dijo tanto, pero tanto de usted… Usted
no dirigía sus palabras a mí, casi nadie lo hacía... pero ese día todo lo que me dijo de usted, sin
hablarme, me gustó. Ese día usted me agradó, y más que eso, me impactó. ¿Tonto? No sé... De cualquier manera, ese día
me fascino eso de usted... y si no se lo había hecho saber, se lo dijo aquí: desde
ese día a mí me gusta a más no dar la manera en que de su boca salen las
palabras, todas una tras otra, sin pausas. Casi tanto como me gusta la manera
en la que se mueven sus labios al hablar. No sé cómo lo hace, pero sígalo haciendo, por favor.
No fue sino como
después de como dos semestres junto a usted que cruzamos palabras. O al menos
alguna que significara algo para mí. A lo mejor usted no lo recuerda, pero
usted me dijo, en una clase de francés en la que por una extraña razón terminamos
trabajando juntos, que alguna vez había
tenido un novio que tenía labios grandes como los míos. Eso fue extraño. No entendí qué tenía eso que ver conmigo o con la clase. No tenía ninguna relación con lo estábamos hablando. Usted dijo eso y
yo no supe qué decir, pero porque así soy yo, y no porque me hubiera hecho sentir incómodo… Cuando sé qué quiero decir, no lo
digo. Y me pesa. Pero ya no más. No sé bien porqué sea importante para mí, pero eso siempre
lo he tenido presente. Yo creo que es por eso mismo, es decir, porque fue algo
extraño. A mí me gusta cuando sucede una situación extraña entre dos personas,
pero entre ellas no sienten extrañeza alguna. No influencia negativamente cómo
se ven el uno al otro. No sé si lo que
digo aquí es claro, en verdad, pero esa ha sido más que nada mi idea al
escribir esto. Como lo sabe, distinto a usted, mujer, la virtud de hablar con
claridad no es propiamente mía.
Estando cerca a usted, mujer, he sentido que las cosas se podían tornar extrañas, incómodas y demás, pero que no cambiarían nada la forma en la que
usted me viera, y yo a usted. Me da la sensación que le hubiera podido
contar la cosa más extraña y absurda del mundo acerca de mí, y usted nunca me
hubiera juzgado por ello. Por el contrario. Con usted conocí la libertad. Y usted me ha llevado a lo más cercano que estado del sentimiento de amistad. No sabría
decir si esto ha sido una amistad, pero me gustaría creer que sí lo fue, así
hubiera sido por poco tiempo. Y si sí fue o es, pues para mí ha sido algo enormemente bello. Yo he sentido en usted una amiga… hoy no estoy seguro si
eso continúa siendo así. No la culpo. No
estoy seguro tampoco de si lo poco que le he ofrecido entre mi poco carisma y mi falta de espontaneidad, ha sido suficiente para que
me viera como su amigo... o si he correspondido a un nivel cercano el sentimiento
de amistad que usted sembró amablemente en mí con su forma particular de querer… De lo que sí estoy
seguro es que los pocos o muchos momentos en los que he estado cerca a usted,
como amigo o conocido... como otra cosa, los he
disfrutado, en silencio, con tranquilidad la mayoría. En verdad he disfrutado de su compañía. Yo sigo contento, sea como sea, de haber
compartido con alguien tan especial y real como usted. Y de haber re-descubierto, en gran medida gracias a usted, que podía sentir emociones tan positivas, tan bonitas y tan grandes que me hicieran sonreír incluso entre la tristeza.
Me gustan muchas cosas
de usted, y las que en un principio no me gustaban, las aprendí a entender.
Algunas otras más difíciles de comprender, las tolero. Sin juzgarla. Y sin
querer cambiarlas. Lo más seguro es que
lo mismo habrá hecho usted conmigo... Todos lo hacemos con todo aquel que se
queda cerca de nosotros un buen tiempo, supongo. Los entendemos o tratamos de
hacerlo. O no podemos con sus cargas emocionales y se van o nos vamos... Creo que el hecho de que aún haya cosas que no entienda de usted y que no me agraden totalmente, es una de las razones por las que la quiero. Es re-estúpido pero sí lo creo, Usted es —y esto lo siento de verdad— de cierta manera tan parecida a mí pero a la vez tan diferente que me ata a querer quedarme. Esencialmente, son las cosas que no logro entender en usted, las que aún no me gustan, las que me llevan a conseguir mantenerme cerca a usted. Más claro. también busco quedarme por las me gustan, por las que me encantan, y por las que aún no conozco de usted.
No puedo decir que de
todas las veces que la he mirado —sin que me viera, la mayoría de ocasiones,
porque así es como miramos los tímidos a las mujeres bellas—, ninguna ha sido con
deseo. Mentiría. Antes, cuando yo sabía poco de usted y usted aun menos de mí,
cuando usted y yo no habíamos cruzado media palabra; cuando usted era
rubia, y entre su color de piel y su tono de cabello me hacían creer que sus ojos eran color miel; cuando yo no existía para usted; cuando usaba esas, sus boticas de color café claro, con ojales café más oscuros; Antes de que yo rompiera el silencio, entre
miedo y duda con un tonto: "Parce, sus pies tan pequeñitos... sus botas
tan tiernas" —esas fueron de las
primeras palabras que le dije estando solos—. Bueno, antes-antes... cuando usted se veía
diferente y para usted yo no existía, yo la miraba y mucho de ese modo. Yo la
deseaba. Me gustaba pretender que por el hecho de observarla en detalle aunque
no le dijera nada, la conocía, éramos amigos, y hasta que nos queríamos. Yo me
sentía bien cerca de usted. Supongo que (penosamente) la manera de hablar mía es esa. Observarla, como todo lo que está en mí, en silencio. Me gusta mirarla. Dicen por ahí que qué se gana alguien con mirar y no tocar. Seguramente tienen razón. Pueda que mirar y admirar sea el único consuelo al que pueda aspirar el tímido. Pero esa gente que dice eso no sabe el calor tan grande con el que queman por dentro los sueños y las pasiones de un tímido cuando admira una mujer...
Ese mismo día que le dije lo de sus boticas, ese fue el mismo día que nos quedamos solos usted y yo, en el que dejé el temor a un lado y me abrí un poco a usted; y luego de haberme acompañado en Ingeniería por un largo rato, se dio cuenta que había dejado las llaves dentro de su moto. Bueno.. Ese día, antes de todo eso, usted me hizo una pregunta. ¿Si se acuerda?, Era sobre lo que provocan los labios de la persona que le gusta a uno cada vez que se les mira. (Yo sabía a quién se refería usted entonces). Dudo que ese día mi respuesta haya sido algo más elaborado que un simple monosílabo o un asentimiento con la cabeza,,,
Hoy le tengo una respuesta: sí sé cómo se siente mirar los carnosos, y a la vez delicados labios de Esa Persona, querer poner mis dedos sobre ellos, abalanzarme ante ellos, poder tocar con mis labios los suyos, querer morderlos, arrancar sus ropas y entrar con ella en un frenético baile de dulzura y pasión. Sí, yo también conozco en carne propia la frustración tan inmensa que es querer hacer todo lo anterior y no poder hacerlo...
Como ya lo dije y lo digo nuevamente, me gusta —y es ese uno de mis más tiernos y deliciosos recuerdos— mirarla. Puedo decir, hoy, felizmente, y ya sin miedo a que crea que soy un stalker o un idiota, o un raro, que la he mirado mucho. Pues sí lo he hecho. La he mirado, sí, desde diferentes perspectivas, con sentimientos abordo: con cariño, con gracia, como amigo, con preocupación, con curiosidad, con lujuria, como hombre; y sin ellos. La he mirado mucho. No sé si lo suficiente para pretender creer que la conocozco solo con ello, Pero igual me gusta creer que con lo que veo a simple vista en usted la conozco, así sea un poquito. Me gusta mirarla desde mi silencio, ver cómo habla, cómo se mueve al hacerlo, cómo responde fuertemente al que cree busca dañarla. Pero también cómo responde con candor a quien se le acerca con sinceridad y desinterés. Me gusta cómo resalta las virtudes ajenas al hablar, tanto como me gusta cómo presta atención a las cosas importantes para las personas que la rodean, ¡cómo los alienta a seguirlas! Yo la he visto... A usted le importa muchísimo la integridad de los otros, de los que considera cercanos, usted los protege, los apoya, y los consuela, si es necesario, a su manera. Me atrevo a decir que usted tiene algo, no sé, usted identifica con poco cuándo algo es importante para alguien, cuando algo le duele a los suyos. Usted no es egoísta, y entre más la conozco, más me alegra saber que no son ideas mías, ni algo que simplemente quiere vender. A usted le importan mucho los otros. Entre más la conozco, más lo sé; y entre más lo sé, más me gusta eso de usted.
Me gusta, pues, también cuando entra a un lugar y hace parecer que es usted la única persona ahí. No sé si me hago entender. Pero la presencia tan intensa que usted tiene, hace desmoronar a las otras personas que se encuentren cerca a usted. Algo en usted, cuando menos, las convierte en simples sombras formadas, y a usted en una luz que se mueve fuerte y libremente por el recinto. Me gusta que no calla su cuerpo y cuando lo hace, su postura es el vehículo de su discurso. Usted hace creer que nada la mueve; y si la mueve tiene que ser el amor, el cariño y la compasión, Hay algo en usted, en su carácter estoico que conmueve. Usted es blanco o negro. Usted causa extremos: o se le quiere inmediatamente o se le detesta al instante; cosa que me encanta porque sea cual sea de los dos efectos el que desate en uno, es única y exclusivamente generado por la fortaleza y tierna seguridad que usted imprime con su carácter.
Entre todo lo que tengo marcado en mi mente de usted, está presente el día en el que le tomé la mano por primera vez, fue para ayudarla... usted me soltó la mano y dijo, como si conociera la megalomanía de un obsesivo, que no era porque pensara que yo estaba enamorado de usted, sino que lo hacía pues le rehuía por sus razones —cosa que entiendo, comparto y respeto aún hoy— al contacto físico innecesario. Lo que creo, junto con esto, jamás salga de mis memoria es un día en el que estábamos en la cafetería de Educación, Me acuerdo con claridad porque ha sido una de las pocas ocasiones en las que la he visto llegar tarde a un encuentro, Fue un miércoles. A las 3:30 quedamos de vernos... llegó mucho después. Llevaba el pelo suelto, Usted tenía un short blanco, zapatos negros de correas dobles con detalles color plata —De los zapatos difícilmente me olvide algún día, pues fueron ellos los que tocando mi muslo suavemente, me avisaron de lo que por usted sentía. Ellos me despertaron. Usted me hablaba de cómo acercarme a otra mujer que estaba a escasos pasos de nosotros, y entretanto. mi mente estaba sumida en el solo cometido de contemplar sus labios, en mirar precavidamente sus morenas piernas. Entonces solo tenía como mis únicos pensamientos lanzarme al otro lado de la mesa y besar sus gruesos y húmedos labios... cosa que no hice y que me hubiera gustado inmensamente hacer, ¡y no lo hice!, no lo hice porque usted me consideraba "su amigo gay". No lo hice porque usted era imposible. No lo hice por güevón. Hoy me arrepiento de no haberlo hecho. Fue desde ese momento que supe que Usted me gusta. Usted me encanta. Usted me fascina. Usted —Permítaseme esta coloquialidad— Usted me trama demasiado... Y si conociera entre las profundas dimensiones del Español una expresión que englobara la fuerza y la emotividad de todas estas palabras juntas, no dudaría en escribirla aquí, pues es eso lo que ha generado usted en mí. Usted me ha cautivado. Si bien me he negado por un largo rato a admitirlo e incluso a sentirlo, usted lo ha hecho. Usted lo ha hecho y no sé bien cómo, porque yo nunca quise que usted me generara emociones intensas. Pero lo logró. Porque por y con usted he sentido desde el sentimiento de amistad más entrañable, hasta las ganas más intensas de besarla, de abrazarla, de tocar sus labios, de oler su pelo, de agarrarla por las caderas, de apretarla, de besarle las piernas, la espalda... y encontrar así un el gesto más eficaz con el que pudiese expresarle todo lo que me hace sentir por dentro de mí. Yo siempre anhelé, como amigo o como algo más, hacerla feliz, que es lo que se merece, o al menos, que estuviera contenta cerca de mí.
Andrea: dudo enormemente que entre mi incapacidad de expresar lo que pienso y deseo, y el hijo-de-las-mil-y-una-puta miedo a ser juzgado y herido por mis sentimientos ymis acciones, haya hecho evidente si a caso un pequeña parte de lo que he sentido por usted. Me pesa y siempre lo ha hecho, cargar al hombro con la incapacidad de conectarme con las personas, e incluso me rompe más el alma que en las pocas ocasiones cuando siente una conexión fuerte con alguien, demuestre tan poco. Pero por sobretodo, siempre me dolerá no haberlo hecho con usted cuando en su momento quise decirlo. Cuando usted significó tanto para mí. Es ese miedo a no ser correspondido. Pero no me resguardo en ello. Hay maneras de hacerle saber a las personas que son dueñas de nuestros quereres.sin decir directamente "lo(a) quiero", Uno puede hacerlo, hay una forma; no la he encontrado, Lo he intentado y no he podido.
Aun cuando me contraríe con lo que acabo de decir y este sea solo un pequeño y lejano eco de lo de le pudiera haber hecho o dicho, de lo que le pudiera haber demostrado; le digo aquí: la quiero. y la he querido mucho. Y me queda un vacío ni el hijueputa no haber tenido más formas para que lo supiera.
Últimamente —y con "últimamente" me refiero a dos, tres meses—, se me van días enteros pensando en usted, en cómo está, qué hace, en dónde. y no lo niego, con quién. Se me va gran parte del tiempo pensando en las espesas y arqueadas cejas que bordean sus grandes ojos; en la manera tan simple en la que a veces, a forma de rechazo, levanta un poco su ceja izquierda y se muestra en tierno desacuerdo con algo. Me gusta, y se me van los días pensando en ello, cómo la pequeña mancha de Guerrera colocada en la orilla derecha de sus labio y esos dos grandes lunares enclavados ambos la altura de sus pechos, forman lo que pareciera las tres esquinas de un triangulo, No creo que sea una fortuita nimiedad y menos un defecto, Si me permite, he llegado a creer que estos finos detalles han sido diseñados uno a uno con delicadeza por un artista quien ha empapado suavemente sus pincel y ha dejado caer sobre la dorada y suave piel de su escote, pulcras gotas de pintura, como seña del lugar donde se esconde lo impetuoso, lo más íntimo y lo más dulce de su ser. También, y no menos importante, Debo decir, me he encontrado, en ciertos momentos, pensando en sus caderas, en las marcas de su espalda —esto último desde aquél día en el que me permitió tocarlas—, en los contornos suaves de sus piernas, pero por sobre todo, y esto se ha convertido casi que un rito, pienso con la constancia del cambio en la manera en la que usted recoge ambos brazos, y reposa sus muñecas sobre sus caderas; pienso en esa... su posición de reposo, Pienso que ese es, más que cualquier otro gesto suyo, el reflejo mismo de quién es usted. La postura instintiva que me hace entender que usted siempre está preparada para responder de la misma manera en la que se le aborde. Preparada para recibir con un abrazo cordial a quien venga hacia usted con con sentimientos puros. Preparada para replicar con desenfreno a quien busque perturbarla. Más que cualquier otra, esa es la voluptuosidad suya que más me sumerge en admiración.
Mis pensamientos sobre usted se prolongan hasta tarde de la noche. Y no sé bien porqué. Así como las madres utilizan la canela para inducir a sus inquietos niños en profundos sueños; así mismo, su pelo, sus cejas y sus ojos, sus labios, y su piel canela me han empujado sin descaro a las fantasías más absurdas... me embriagan constantemente de tormentosas imágenes mentales en las que aparece usted sonriendo, en las que me habla, en las que me mira de cerca y en las que siento una necesidad casi existencial de abrazarla y besarla.
De la misma manera en que se me han ido días enteros soñando con usted, pensando en lo que le he hecho y en lo que he dejado de hacer por tonto; de esa misma manera se me han ido horas y horas, días y días tratando de categorizar mis sentimientos por usted. Hoy no podría decir con justicia qué es lo que siento por usted. Me muevo entre los extremos de la línea de las emociones. A veces siento que lo que usted hace es llenarme de alegría, de regocijo, me precipito a creer que la quiero como hermana, algotras, que me gusta; Hay. en cambio, ocasiones en las que creo que la detesto, que nunca se fijaría en mí como hombre, que me rechaza, que la busco y usted se esconde, que la asusto, que me huye. Yo sé, sin embargo, que en el fondo al que detesto es a mí-mismo por ser tan débil y temeroso, por no haberle dicho todo esto en el momento en el que finalmente lo acepté y sentí. También sé que esos pensamientos son movidos por esa obsesión de derrotero de verme a mí mismo como un ser indeseable. De una manera u otra, para bien o para mal, usted casi siempre está presente en lo que siento y pienso.
Aún la miro. tengo mis maneras... o hasta hace poco lo hice. Usted ya no está y yo ya no estoy. A mí me gustaba cuando ambos estábamos. Así fuera de lejos, y así no habláramos, a mí siempre me gustó estar en el mismo lugar que usted. Así usted no reconociera que yo estaba ahí.
Otras pocas veces, le he mirado y no he sentido nada. Puede ser por lo de mi temor a sentir intimidad emocional hacia alguien, puede ser patológico, pero en ocasiones la he mirado y no he sentido nada. Ni miedo, ni respeto, ni admiración como antes-antes, ni indiferencia como alguna vez llegué a sentir, ni cariño fraternal, ni atracción emocional, ni deseo, ni ganas de correr a abrazarla y hacerla sonreír. Absolutamente nada. Esas han sido de las peores veces que la he mirado. En general, siempre me ha gustado ver a las personas y sentir de inmediato algo. No me gusta cuando miro a alguien y no me provoca nada. Me dan ganas de salir corriendo. Con más motivo cuando ese alguien antes lo generaba todo.
La última vez que la vi, por ejemplo, no supe cómo me sentí. Y me dolió, Me dolió muchísimo, me dolió como si me cayera por un barranco lleno de espinas, como debe doler una puñalada. Yo quería mucho verla, yo se lo había dicho. Y no era por simple melosería, yo sentía que debía verla, Había ya soñado varias veces en cómo sería el momento en el que la viera de nuevo. Soñé que nos encontrábamos en un pasillo de Educación, yo cerraba mis ojos y nos uníamos en un abrazo. En el sueño nos abrazábamos con tanta fuerza que la energía más mágica e intensa nos llenaba a ambos de alegría, no decíamos nada o no recuerdo, He de ser porque para nosotros lo más importante en los sueños — lejos de ser las palabras— son los hechos, las sensaciones que en ellos vivimos. No hubiera sido necesario tampoco, sus ojos, su sonrisa y sus dientes perlados ya me lo decían todo. De cualquier forma, me hubiera gustado aunarnos en mi abrazo soñado el día de su sustentación y sentir inmediatamente esa energía tan pura,.. De eso me lamento y le pido me excuse.
Aquél domingo que nos citamos, estada decidido a decir esto: usted me gusta, Ese mismo día también entre mi desconfianza infantil, los pensamientos auto-destructivos y sus titubeos en el mensaje de voz me hicieron creer que me evadía, que me decía mentiras, me hicieron creer que ya sabía lo que pretendía hacer yo ese día.. y que no quería exponerse a tan penoso acto. Hoy no sé si así es como en realidad fueron las cosas.
He tardado muchísimo en entablar una intimidad natural con usted y eso me frustra, He buscado ser su amigo y hoy no sé si lo he logrado realmente... y eso me frustra. Me frustra a más no poder haberle ofrecido tan poco, porque yo sé que entre lo que se merece usted, entre lo que yo le pude haber ofrecido(y debí haberle ofrecido) desde el inicio de esta amistad. y lo que le dí, hay una diferencia abismal. Me frustra como un hijueputas saber que usted haya sido mi amiga y posteriormente me haya gustado, todo justo en el momento más complejo y difícil de mi vida, pero no siento remordimiento de ello ni por un instante. por el contrario me alegra haberla tenido a usted y su apoyo cerca de mí. Me maravilla que mi sentir por usted haya iluminado en el preciso momento en el que me veía sumido en la soledad y oscuridad más espesa. Me frustra no haber tenido antes las agallas de decirle una mínima porción de lo que le he dicho hasta aquí. Pero me libera un tanto saber que aquí ya he dicho mucho de lo que quería hace tanto tiempo que supiera.
Quizá sea la soledad y el pesimismo inexorable que me habitan, pero a mi edad, mujer, soy un ignorante en pleno de las destrezas necesarias para atraer el corazón y el cariño de una mujer como usted. Pese a ello, Andrea, quiero que sepa que la pienso mucho y no sé bien porqué. Quiero que sepa que la quiero y no sé bien de qué manera. Quiero que sepa de una vez por todas que me importa y me frustra de una manera muy necesaria el querer tener su cariño.
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